martes, 28 de enero de 2014

Mis ¿progresos? con la Operación Bikini

Koki está contenta. Está empezando a cambiar hábitos poco saludables por otros más adaptativos. "Seguro que en la proxima analítica el colesterol ya está controlado". "Seguro que en verano podré volver a ponerme ese vestido de cerecitas que sólo me puse una vez y que de momento no me sirve ni con calzador".

Es por la mañana. Koki está terminando de alisarse el pelo, y en 10 minutos estará lista para salir a hacer gestiones. Pero un catarro mal curado le provoca un ataque de tos, la espalda de Koki  se rebela, se oye "catacroc", y Koki queda doblada como Pozí. Koki prepara una mochila con un par de pijamas, la llevan al médico, en el médico le dan una tonelada de medicinas, y a Koki no le queda más remedio que trasladarse unos días a "Hotel Mamá" porque no se puede valer por sí misma. Le tienen que dar el desayuno en cama. No puede ni ponerse los calcetines. Las pocas veces que camina (de la cama al cuarto de baño o al sofá) parece Chiquito de la Calzada.

La dieta continúa. Pero tantas horas tirada sin hacer nada hacen mella en ese monstruito interno llamado gula. Koki no para de pensar en bocatas rebosantes de Nocilla, en plan que lo muerdes y la Nocilla se sale por fuera del pan, y luego te chupas los dedos. O napolitanas. O gominolas, nubes, chocogalleta. Pero no. Koki es fuerte y en los momentos de gula se toma una mandarina o una tortita dietética de arroz, pero eso sí, de esas que vienen con un poco de chocolate.

El podómetro pasa unos días agonizando en la mesilla. Total, para qué.

Cuando se encuentra mejor, Koki va como todas las semanas a pesarse al gimnasio. La báscula marca unos míseros 100 gramos menos que la semana pasada. Las monitoras la felicitan por hacer las cosas bien a pesar de no poder moverse.

Y así están las cosas. Estoy deseando volver a la normalidad, levantarme por las mañanas a una hora decente (el relajante muscular me tumba y me hace dormir 11 horas), continuar con mis proyectos y llevar una vida productiva. Mientras tanto, me cuido y me dejo cuidar, y me lo tomo como una situación pasajera. ¡Paciencia!

martes, 21 de enero de 2014

Operación bikini 2014

Le llamo "operación bikini", pero en realidad debería llamarle "operación cambio de hábitos". Claro que quiero poder poner el bikini este verano sin que asomen demasiadas lorzas, pero lo que me estoy proponiendo es aprender a comer de manera más sana, por varios motivos:

- La ropa. No quiero salir deprimida de las tiendas de ropa, quejándome de que sólo hacen pantalones para anoréxicas (mi frase preferida cuando la prenda que me gusta no me sirve). Tampoco quiero adaptar mi cuerpo a la ropa que venden ni a las modas absurdas de thigh gaps o bikini bridges. Simplemente soy consciente de que me sobran unos kilos para sentirme a gusto en mis carnes, tengo el cuerpo que tengo y no lo voy a cambiar, sólo quiero que abulte un poco menos.

- Las fotos. Quiero poder posar para una foto sin pensar en lo gorda que voy a salir. No quiero dejar en el disco duro esa foto tan chula que quería publicar en el Facebook pero que queda sin publicar porque parezco una orca asesina y el resto de gente sale bien.

- La salud. Tengo algo de sobrepeso, no sólo a simple vista, sino que me lo dice el cálculo del IMC. En las últimas analíticas también me salió el colesterol algo alto, y no quiero tener que acabar tomando pastillas ni danacoles. Además hace poco me diagnosticaron asma (próximo objetivo: dejar de fumar).

- Mi relación con la comida. Me gusta mucho comer. Conozco a gente que, si fuera posible, se alimentaría de pastillas que contuvieran todos los nutrientes con tal de no tener que cocinar, masticar y fregar los platos. Yo no. Incluso, cuando tengo un día de bajón, me "premio" o me "consuelo" con chocolate, Mister Corn África o Pringles Sour&Cream (yo creo que contienen droga o algo). Y todo se convierte en un círculo vicioso: voy de compras, ese vestido tan mono no lo hay de mi talla, mando todo a tomar viento y me voy a por un McFlurry de oreo con dulce de leche. Y vuelta a empezar.

- El ánimo. Creo firmemente que lo de dentro está muy relacionado con lo de fuera. Si me veo bien físicamente, subo un escaloncito de autoestima, y viceversa, si estoy tranquila y contenta, voy a hacer lo posible por seguir cuidándome por fuera. Me pasa incluso con el orden de la casa: tan sólo con pasar la fregona, ordenar el cajón de las pañoletas o hacer cambio de armario, mi alma se siente un poco más zen, y viceversa, si tengo la cabeza como un bombo, no consigo que las estanterías estén ordenadas.

- La gente. No debería de importarme demasiado, pero me importa la opinión de los demás. Hace poco, una conocida, sin mala intención, me llamó "rellenita". Sé que lo estoy, pero ese comentario me llegó al alma. Nadie le dio permiso para opinar sobre el volumen de mi cuerpo. La gente seguirá opinando sin mi permiso, así que no quiero que me sigan viendo como "esa chica rellenita".


Considero que son motivos más que de sobra (sobre todo el de la salud) para plantearme un cambio de hábitos, pero para siempre. Como todo, en este proceso tengo algunos puntos fuertes y débiles:

Puntos fuertes (¡ánimo, Koki, tú puedes!): 
- Como ya dije, me gusta mucho comer, así que me gusta una gran variedad de comida. Disfruto con una pizza, sí, pero también con unas espinacas o una berenjena a la plancha. Toda la verdura me encanta. Compadezco a todos aquellos que se ponen a dieta y se deprimen al ver una alcachofa. Eso es un gran punto a mi favor. Además tampoco le pongo pegas a tomar las infusiones con sacarina o stevia, puedo sobrevivir sin azúcar.
- Aunque soy un animal sedentario, hay ejercicios que me gustan, sobre todo los relacionados con el baile. Fui a Batuka, a aerobic, a step, a body pump, y ahora voy a Zumba. Llevo dos años en este gimnasio, y voy muy motivada. Además hace unos meses empecé a socializar, y el coincidir con las chicas con las que congenio también me motiva.
- Este verano hice una versión corta del Camino de Santiago. Fue duro, sufrí, vejigas en los pies, agujetas, contracturas musculares y lloreras, dudé muchas veces de mí misma, pero al final llegué. Es una señal de que puedo conseguir las cosas que me propongo, por mucho esfuerzo que cuesten (Nota mental: recordar siempre esta última frase).

Puntos débiles: 
- La vida social. No siempre se puede comer de dieta. A veces hay compromisos, cenas familiares, de amigos, salidas nocturnas (hay que ver lo que engorda una cerveza), fines de semana enteros en casa de mi amiga M... Este fin de semana pasado tuve una cena en casa de una amiga. Había pizza, flan, crema catalana y tarta helada. Lo resolví llevándome mi cenita sana en un tupper (¡minipunto para Koki!). Aunque confieso que probé un trocito pequeñito pequeñito de flan... 
- Mi mencionada relación con la comida. Tendré que echar mano de mucha motivación y mucha fuerza para evitar esos momentos de "estoy triste/ansiosa/premenstrual/todo a la vez, necesito chocolate, mañana es otro día". 
- Me encanta hacer postres, pero en los próximos meses no los pienso hacer. Seré egoísta, pero de momento no quiero hacer cosas hipercalóricas para otros cuando yo no las puedo comer. Más adelante ya me permitiré algún postrecillo muy de vez en cuando.  ¿Os cuento algo gracioso? En Reyes me regalaron una gofrera. Sólo me dio tiempo de usarla una vez.


Tras todo este análisis, os cuento que llevo una semana haciendo una dieta del gimnasio, supervisada por nutricionistas, y estoy muy animada. No pasé hambre en toda la semana, hago las 5 comidas, comí muy bien, y en casa me apoyan mucho; comemos casi todos lo mismo, sólo que yo un poquito menos de cantidad, pero en realidad son comidas que valen para todos.

Hoy me pesaron y me midieron la grasa corporal con la maquinita esa que se coge como un volante. ¿Resultado? 1´400 kg. menos, y un 2% menos de grasa. En el espejo me veo menos barrigola. Lo importante de todo esto no sólo es adelgazar ahora, sino adoptar hábitos a mi vida: comer bien, ir al gimnasio al menos 4 días, beber mucha agua y caminar. De momento no estoy caminando gran cosa, porque estoy saliendo de un gripazo y de una lumbalgia (¡toma combo!), pero hoy me compré un podómetro y veo que, sin obsesionarme (no lo pienso hacer), también es algo que anima. Me sorprendí a mí misma dando paseíllos de la lavadora al tendal, del tendal a la cocina, luego ir a bajar la basura... para ver cómo los numeritos van subiendo. Si al final esto de adquirir hábitos sanos va a ser divertido.



Y voy yo y lo cuento en el blog

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Resumen de mi último mes

Que nadie se piense que ando desaparecida, simplemente tengo el blog algo abandonado, aunque sigo leyendo todos los blogs y webs de mi lista y a veces incluso comento algo. Últimamente la inspiración no me acompaña, tendré que plantearme escribir más como propósito de año nuevo (¡ja!). 

Desde que volví del curso en Madrid (¡ya hace un mes de eso!) pasaron varias cosas:

- Tengo proyectos laborales de los que aún no puedo contar nada porque aún no hay nada concreto. Estoy 50% ilusionada y 50% muerta de miedo. Espero que poco a poco el porcentaje vaya cambiando y la ilusión llegue al 100% y el miedo sea un gran 0% (¡ja!). 

- En la pizarra de la cocina de la casa de mi madre había una cuenta atrás: los días que faltaban para que uno de mis hermanos volviera de tierras muy muy lejanas tras una navegación muy larga. La cuenta atrás ya acabó, mi hermano ya está en casa, y el nido ya está completo, la gallina y los tres pollitos. Justo a tiempo para celebrar la Navidad en familia. El día de la llegada las cámaras nos rodeaban por todas partes y salimos en algún informativo y algún periódico.

- Junto con las bienvenidas, también hubo despedidas: Pinchiño, justo un año después de que nuestras vidas tomaran caminos separados, tomó una decisión laboral que le va a traer una suerte inmensa. Se va a trabajar a la otra punta del país. Vino a despedirse de todos los amigos y familia (porque siempre formará parte de mi familia) de la ciudad que fue su tierra adoptiva durante casi cinco años. Sabe que aquí siempre tiene una casa, que las cosas le van a ir de maravilla, y que la próxima vez que nos veamos, sólo vamos a tener buenas noticias. Merece todas las cosas buenas que le pasen y más, porque es una gran persona. Sé que en él tengo un gran amigo para toda la vida, y me enorgullece que él pueda decir lo mismo. El momento de la despedida fue triste, pero tengo la intuición de que esto sólo le va a traer cosas buenas.

- Probé las hamburguesas de canguro. En el congelador tenemos más canguro y cocodrilo. Me quedo con ganas de probar también el camello.

- Le encargué a mi hermano shikakai y amla de la India para lavar el pelo, pero los nombres de las hierbas se perdieron en las profundidades del whatsapp (bendito whatsapp) y no pudo ir a comprarlas. En su lugar me trajo millones de infusiones, galletas australianas en cantidades indecentes, pahsminas indias y souvenirs variados :)

- Tengo las manualidades algo abandonadas, porque mi taller de costura es una torre de cajones que tuve que quitar del salón para poner el árbol de Navidad. Como me da pereza ir a buscar la torre a la otra habitación, se me quitan las ganas de coser y ganchillar. Sólo hice unos chupeteros y una diadema para una preciosa niñita que acaba de nacer (bienvenida Almudena, tengo muchas ganas de conocerte), y unos baberos XL para los padres para hacer la broma. Es una niña muy deseada y no me extraña que a los padres se les caiga la baba.

- En el gimnasio nos hicieron "prometer" que estas navidades sólo vamos a engordar como mucho medio kilo (¡ja!).

- Sigo yendo a la presoterapia, llevo 9 sesiones. De medidas sigo igual, pero con las piernas llenas de pequeños moratones a causa del masaje con cepillo de madera. La esteticista me dice que eso es bueno, que son como pequeñas microliposucciones (¡ja!). Me encanta además su sinceridad a la hora de referirse a mis grasas incrustadas, a mi celulitis y a mi barriguita.

- Las navidades vuelven a ser navidades cuando hay un niño de dos años en casa. Ayer lo flipó cuando le dijimos que mirara debajo del árbol, que seguro que ya llegó Papá Noel. Abrió su regalo alucinando, y a la 1 y media de la mañana aún estaba saltando en el sofá gritando "¡bieeeen, fiesta!". La tristeza de estas épocas se calma un poco al verlo tan contento.

- Me compré una cafetera de cápsulas. Al comprar 10 cajas de cápsulas, la cafetera salía gratis. Sólo quedaban cápsulas de café negro. Yo no tomo café. Tengo una cafetera maravillosa y 99 cafés para las visitas (me hice uno porque me hacía ilusión estrenarla).

- Hace más de un mes fui a Ikea. Pregunté por unas láminas maravillosas que estaban en exposición. Me dijeron que estaban descatalogadas y que sólo se vendía el marco. La semana pasada volví a ir y volví a preguntar. Me las vendieron, y además rebajadas, porque para adaptarlas al marco las tuvieron que recortar y no me las podían vender al precio original. Además tenía descuento por comer allí, así que por 13 euros me llevé mis dos láminas maravillosas con sus marcos y 2 velitas. Luego fui al Primark y me compré, entre otras cosas, unos vestidos por 7 euros, o eso creía, porque al llegar a casa vi la etiqueta de uno de ellos y ponía 2´50€. Flipando.

- Me compré mi enésima poinsettia. Tuve una que me duró 3 años, pero tuve la feliz idea de transplantarla y se me murió. A ver si ésta sobrevive a las navidades.

- El otro día un desconocido me dijo que al verme se estaba acordando de las azafatas del Un, dos, tres. Yo pensé "vale, me quito mis gafas grandes y listo. Pero tú seguirás siendo imbécil".  

Todo esto dio de sí el mes de diciembre. Un broche final a un año realmente difícil, en el que nuestra fortaleza se puso a prueba y nos dimos cuenta de lo valientes que somos en las situaciones duras que nos pone la vida. ¡Pero no estamos aquí para hablar de tristezas!, así que hay que procurar sacar siempre la parte positiva de todo, y esa parte positiva es la unión de mi familia, que no permite que ninguno de los miembros flaquee, porque siempre están ahí los otros tres para sacarlo a flote. Aunque sea en la distancia. Así que este año, más que las navidades, lo que celebramos es nuestra unión, que no hay nada ni nadie en el mundo que la pueda debilitar.

Con todas estas reflexiones me despido hasta que me decida a escribir de nuevo, esperemos que pronto. Así que sólo me queda desearos a todos unas felices fiestas en familia, o junto a la gente que os quiere, que en realidad es lo que importa. ¡Besazos a todo el mundo!

lunes, 25 de noviembre de 2013

Segunda parte del curso

Hace un rato llegué a casa después de un fin de semana fugaz. Fui a Madrid a la segunda parte del curso que hice el mes pasado en Tarragona. Me reencontré con mis amigos, asistimos al curso, conocimos un poquito Madrid, y los tres días se nos pasaron en un suspiro. De nuevo fueron tres dias muy intensos, aprendimos mucho, trabajamos mucho, paseamos un poco, y ya nos estamos echando otra vez de menos. Hace unas horas estaba en Madrid, y ahora escribo esto desde mi portátil tirada en mi sofá.


Día 0:

Me levanto a las 5 de la mañana para coger el avión a las 8. Hacía 15 años que no viajaba en avión,  así que fui con un poco de miedo al miedo. Durante el despegue y el aterrizaje clavé las uñas en el libro, se me taponaron los oídos y resoplé. El resto del viaje fue bastante bien.
Llego a la T1 y me pongo a perseguir a los pasajeros de mi vuelo para poder encontrar la salida. Tardo 20 minutos.
Cojo un taxi y llego al hotel a las 9 y pico de la mañana. Les pido que me guarden la maleta, ya que no puedo hacer check-in hasta las 3 de la tarde. Me voy a pasear. Me espera un largo día paseando sola por Madrid adelante. Mis amigos no llegan hasta mañana.
Echo a andar por una calle muy recta y muy larga para saber volver después (tengo el mismo sentido de la orientación que un gato de escayola). Llego a una avenida, y el resto de la mañana deambulo por esa zona. Me encanta el frío de Madrid. Voy abrigada, y sólo tengo frío en la cara y en las manos. Desayuno dos veces más. Estreno el GPS del móvil. Me compro un libro de puzzles japoneses y me voy un rato a un parquecito soleado hasta la hora de comer.
Después de comer voy al hotel, ya me dejan entrar. Me encuentro con una famosilla y me saco una foto con ella. Me instalo, me tiro en la cama y leo toda la tarde. Me doy un brutal baño de espuma. De noche bajo al bar de al lado, me cojo un bocata, lo subo a la habitación y ceno en cama.
Encima de la almohada nos dejaron unas tiras nasales de muestra. Genial, estoy acatarrada. Las estreno.


Día 1: 

 Las tiras nasales son difíciles de quitar. Muy difíciles de quitar. Al quitarla, me quedó la nariz un poco ancha durante un ratito, pero luego todo volvió a su ser.
Bajo a desayunar (buffet libre, te adoro). Zumo, café, pà amb tomàquet, y crema de vainilla con chococrispis. Y medicinas anticatarros. Me encuentro con una chica de mi grupo. ¡Empieza el reencuentro! Los otros tres no aparecen. Recogemos nuestro material y entramos.
Vemos algunas caras conocidas del curso anterior. Al rato, miramos para atrás y aparecen los otros tres, que llegaron tarde, sentados al fondo.
El café del desayuno me sienta de cine y me quita el sueño, cosa que es de agradecer. Normalmente no tomo café porque me da taquicardias. El curso me sienta bien.
En el descanso café se produce el reencuentro verdadero. ¡Los cinco reunidos de nuevo!
Comemos en un sitio cercano y volvemos al curso. Por la tarde toca práctica. No paramos de aprender.
De noche bajamos a cenar al mismo sitio del mediodía, y cogemos un par de metros para ir al cine a ver la segunda de Los Juegos del Hambre. Pobre Katniss. Esa chica sí que encadena un trauma tras otro, además de tener una figura de apego insegura. Podríamos aplicar todas las técnicas aprendidas en el curso con ella.
Al llegar del cine cotilleo un rato el Facebook desde el móvil, y sin querer le mando una solicitud de amistad a una ex amiga. La cancelo, y me quedo con la duda. ¿Le llegará? ¿No le llegará?


Día 2: 

 Cambio el pà amb tomàquet por tortitas con sirope de arce y de chocolate. El famoso sirope de arce de las pelis americanas me decepciona, me lo imaginaba más rico.
El curso sigue genial, seguimos aprendiendo mucho.
Vamos a comer a otro sitio diferente, y volvemos pronto para la práctica de la tarde.
Al acabar, bajamos al centro a cenar y a dar una vuelta, o unas cuantas. Estreno mi gorro de lana. Probamos los famosos bocatas de calamares del Rúa y el chocolate con churros de San Ginés. Dimos un paseo muy agradable. Una chica del grupo nació en Madrid, por lo que hizo de anfitriona y de guía. Me quedé con ganas de probar todos los pastelitos y dulces de la pastelería del mercado.
Llego al hotel absolutamente rendida, pero tengo que dejar la maleta medio preparada. Suspiro.


Día 3:

Después de ducharme termino de hacer la maleta. En el descanso café hago el check-out y dejo la maleta en recepción. Empieza a invadirme la morriña.
Al mediodía nuestra amiga se va, tiene que coger un avión y tiene un niño pequeño que mañana tiene cole. Quedamos cuatro, un poco más tristones.
La práctica de la tarde resulta muy productiva, seguimos aprendiendo hasta el final. Nos dan el diploma, y comienzan las despedidas.
Recojo mi maleta. Nos vamos para la puerta. Les doy un abrazo, y me meto en el taxi. Ellos se quedan una noche más porque tienen otro vuelo. Me pregunto cuándo nos vamos a ver los cinco otra vez. A dos de ellos los voy a ver a menudo, pero los otros dos viven lejos. Es curioso cómo se construye una amistad, cómo puede conectar la gente. A tres de ellos los conozco de estos dos cursos, y los considero mis amigos.
En el control me quito el abrigo, el gorro, la pañoleta, las botas y el neceser de líquidos. Al pasar por el arco, pito. Una chica me cachea. Es la primera vez que me cachean en mi vida. A lo mejor se piensan que guardo una katana en el cinturón o una escopeta en el cuellito bebé del jersey.
No lloro en el avión porque todo sucede tan rápido que no me da tiempo a procesarlo. A las 6 me fui para el aeropuerto, a las 8 y pico cogí el avión, y a las 11 y pico estaba en casa. Con una morriña horrorosa, mezclada con la satisfacción de tener el curso terminado y de todo lo aprendido, más la alegría de ver a mis amigos y la tristeza de separarme de ellos. Fueron unos días de emociones muy intensas y aprendizajes muy fuertes. Necesito dormir para procesar todo esto. Mañana será otro día. Siento que este post acabe así de melancólico, pero estoy escribiendo un poco sin pensar, para desahogarme. Las próximas publicaciones ya serán más en mi línea de floresmariposasarcoirisplastilina".

sábado, 26 de octubre de 2013

Mi primera sesión de presoterapia

No, esto no se va a convertir en un blog de belleza (entre otras cosas, porque no tengo ni idea de potingues, sólo sé hacerme bien la raya del ojo). Pero sí me apetece contar mi experiencia de primeriza en este mundillo.

Hace unos días participé en un concurso de Facebook organizado por un salón de estética cercano a mi casa, donde sorteaban una pedicura. Me tocó, fui a hacer la pedicura, y me convertí en clienta. Pedí un bono de presoterapia por dos motivos:

- Por curiosidad.

- Para ver si, entre la presoterapia y el gimnasio, me animo a comer bien y pierdo unas toneladas unos kilitos que me sobran.

Hoy por la mañana me presenté allí. Los pasos que realizaron fueron los siguientes:

1.- Masaje masoquista: 
Me hicieron un masaje en las piernas y la barriga con un cepillo con púas de madera. Vale, las púas terminan en bolita. Pero si tienes mala circulación (como es mi caso), duele más que parir. Bueno, esto último no lo sé, sólo estaba exagerando.

2.- Máquina infernal: 
O como le llaman ellas, plataforma vibratoria. Te dan un pantalón de papel, y te colocas en la máquina de pie, agarrando las asas. La postura correcta es con las piernas un poco flexionadas, la pelvis hacia adelante, y apretando el culete y la barriga. Diez minutos de vibración, y te sientes como si acabaras de correr la maratón de San Silvestre. Yo que pensaba que consistía en subirse, temblequear y ya está, y me bajé del aparato ese sudando como un cochinillo.

3.- Tensiómetro gigante:
Después te tumbas en una camilla, y te envuelven en unas botas de astronauta que llegan hasta debajo del pecho. Estás media hora tumbada mientras el traje espacial te comprime hasta las entrañas, como si te estuvieran tomando la tensión a lo largo de todo tu ser.

Resultados: llevo sólo una sesión, no seáis ansias. Pero llegué a casa y, totalmente concienciada con la causa, me tomé una infusión de cola de caballo y me puse a bailar zumba por el pasillo mientras pasaba la fregona.

¿Repetiré? A pesar de todo lo que acabo de contar, sí voy a repetir. En primer lugar, porque tengo un bono de 8 sesiones. Y en segundo lugar, porque soy una exagerada y en realidad la tortura china que os acabo de contar no es para tanto. ¡Y quiero ver resultados! En realidad lo ideal sería hacer 2 sesiones a la semana, pero por falta de tiempo yo sólo puedo hacer una. Si me cuido, yo creo que algo voy a conseguir.


miércoles, 23 de octubre de 2013

Estoy de vuelta, muy cansada, y un poco más sabia

Parece que ya pasó una semana desde que me marché a Tarragona a hacer el curso. El tiempo se me pasó volando, y al mismo tiempo vivimos muchas cosas en tan sólo tres días, como un pequeño Gran Hermano (como dijo A., en "Tarragona todo se magnifica").

Día 0: El viaje de ida

Los tres compañeros que decidimos realizar el curso quedamos, con nuestras maletas, muchos nervios y mucha ilusión, en la ciudad donde viven ellos para salir en coche desde allí. Mi madredepacienciainfinita madrugó conmigo y me acercó.
Tras muchos kilómetros, paramos a comer en el área de servicio de un pueblo que se llamaba nosequé del Páramo.
Por la tarde - noche, los chicos necesitaban un estanco. Paramos en Quinto (Zaragoza). La chica del estanco le dijo a otra que ya tenía que cerrar, que es jueves, y ya se sabe lo que pasa los jueves. Nos quedamos con las ganas de saber qué pasa los jueves en Quinto.
Llegamos a Tarragona a las 11 de la noche o así. Como los del hotel estaban avisados de nuestra llegada, buscamos un sitio para cenar antes de buscar el hotel. Acabamos en un McDonalds. A mi amigo A. le entró la risa, porque quería pedir un McPollo y en el cartel ponía McPollastre, algo lógico cuando en catalán se llama así (pero tengo que reconocer que a mí pollastre también me parece una palabra supergraciosa, por supuesto dentro del respeto al idioma).
Donde yo vivo, si pides un McMenú y no especificas nada, te ponen el pequeño. En Tarragona me pusieron el grande, seguramente pensaron "esta chica debe de ser de buen comer", o me vieron cara de hambre.
Llegamos al hotel, y subimos a nuestra acogedora habitación con tres camitas. Me tocó la supletoria (ellos fueron más rápidos en poner sus mochilas encima de sus camas), pero era muy cómoda. Qué maravilla, hace calor y puedo dormir con la sábana sola. Dormí como un bebé.


Día 1: El curso y la gente

Suena mi despertador ("Good morning, papapapapapapapapa good morning"). Me levanto yo primero para ducharme con calma y terminar de prepararme mientras los demás se duchan. Tengo la suerte de que el lavabo está fuera del baño y puedo maquillarme sin perder el tiempo.
Bajamos a desayunar. Redescubro el maravilloso sabor del pà amb tomàquet. Desayuno como una reina. 
Bajamos al curso, recogemos nuestra carpeta y acreditaciones y entramos.
Al principio nos dieron un montón de teoría, pero necesaria. Yo escuchaba con los ojos muy abiertos. A nuestro lado se sentó una chica encantadora, ya se quedó con nosotros el resto de los días, diciendo que los gallegos la adoptamos. Más maja.
Salimos a comer con nuestra nueva amiga, y se nos unió más gente, otro chico y otra chica. Nos fuimos a un chino.
Por la tarde, además de la teoría, hicimos una pequeña práctica, tanto en el papel de pacientes como en el de terapeutas. Salimos encantados.
Por la noche salimos a cenar por el centro, y nos volvimos a encontrar con los amigos del mediodía. Acabamos en una terracita en la plaza del Ayuntamiento, cenando la mar de a gusto, y creando un grupo de Whatsapp para seguir diciendo burradas aun sin vernos. Es genial la conexión que estamos creando con gente de todo el país, y lo bien que nos llevamos todos.
Volvemos al hotel a las 2 de la mañana. 


Día 2: Seguimos aprendiendo

Good morning, papapapapapapapapa good morning. Me levanto zombi. Desayuno zombi. En el curso (que continúa siendo muy interesante) tengo tanto sueño que me bizquea un ojo, pero sigo prestando el 100% de atención.
Vamos a comer a un sitio de menú. Rompo mi abstinencia de cafeína de más de dos años tomándome un café con leche clarito, rezando para que no me provoque taquicardia.
El café me sienta de cine. La tarde la dedicamos a la práctica pura y dura, como terapeuta, como paciente y como observador. Una experiencia alucinante.
En la habitación hace calor, en el curso ponen el aire y hace frío, en los descansos bajamos a la puerta y hace calor... Parecemos un anuncio de Actimel. 
Quedamos para cenar con nuestros amigos, pero acabamos siendo un grupo grande de gente que se nos fue uniendo. Vamos a la terraza de un italiano, y luego a la plaza del Ayuntamiento a tomar un mojito de fresa. Es maravilloso poder estar de noche en la calle con manga corta y una rebequita fina.
Algunas de las chicas hablaban catalán entre ellas, y yo las escuchaba atentamente para ver cuántas cosas entendía (al fin y al cabo, el gallego y el catalán son primos hermanos). Cuando se daban cuenta de que había gente de otros sitios, cambiaban al castellano. Yo siempre les decía que no se preocuparan, que de hecho me gusta oír hablar en catalán, pero seguían en castellano.
Volvemos al hotel a las 2 de la mañana. Otra vez.


Día 3: La despedida

Good morning, papapapapapapapapa good morning. Abandono mi querido Colacao para desayunar un café que me devuelve la vida y el alma.
Seguimos aprendiendo un montón, estoy convencida de que este curso me va a ser muy útil.
Vamos a comer a una bocatería con un montón de compañeros del curso.
Por la tarde, de nuevo práctica. Vuelve a ser alucinante, todo lo que diga es poco.
Empiezan las despedidas. La gente tiene que coger buses, trenes y aviones, y nos despedimos de ellos en la puerta, no sin antes ponernos a recopilar emails y whatsapps como locos. Creamos otro grupo.
Uno de nuestros amigos se queda, y nos vamos a cenar con él después de dormir una mega siesta tardía.
Tras cenar, vamos a dar una vuelta por la cuidad. Vemos las ruinas romanas, la catedral (llegamos a tiempo de ver cómo recogían los puestos del mercado medieval, qué pena), y toda la zona vieja. Acabamos, cómo no, tomándonos un mojito de fresa.
Esta vez no llegamos a las 2 de la mañana. Llegamos a la 1.
En el baño del hotel había UNA CUCARACHA DEL TAMAÑO DE WISCONSIN. Empecé a dar vueltas por la habitación dando grititos y saltitos, y A. la pisó. Varias veces. La cucaracha ya no puede caminar.


Día 4: El viaje de vuelta

Good morning, papapapapapapapapa good morning. Los restos mortales de la cucaracha continuán ahí. Desayunamos, un poco melancólicos, en el comedor vacío. Espidifen con Colacao.
Paramos en Zaragoza, compramos unos bocatas y seguimos.
Duermo una minisiesta, y cuando me despierto vamos por Madrid. WTF.
Paramos en Madrid a comer los bocatas a las 5 de la tarde. Alguien debería decirles a los que diseñan las áreas de descanso que la mitad de la población no podemos hacer ciertas cosas en un árbol o contra un muro.
En León empezamos a ver nubes oscuras. Mi madre me advierte que en Galicia hay alerta por viento y lluvias.
Uno de nuestros amigos, que volvió a casa en avión, nos manda fotos desde la playa. 
A medida que nos acercamos a la línea del mapa, parece que estamos entrando en Mordor. Al cambiar de comunidad, empieza a llover.
Los últimos kilómetros son horrorosos, llueve tanto que no se ve la carretera. Me vuelve a doler la cabeza.
Llegamos. Ellos ya pueden ir a descansar a sus casas. A mí me recoge mi madre y aún nos quedan 80 km.
Me da la migraña fuerte. Llego a casa a las 11:30, me tomo otro Espidifen (mi gran amigo fiel), me meto en cama y, tras dedicar mi último pensamiento del día al curso y a mis nuevos amigos, me quedo dormida.


Reflexión: 

Repasando todo lo que me enseñó este curso, se me ocurrió la comparación con un tren:

- En la carrera me enseñaron qué es un tren, para qué sirve, y cómo se viaja en él.

- En el trabajo que tuve, fui pasajera en un tren que daba vueltas y no me llevaba a ningún destino.

- Los últimos meses estuve en la estación, buscando el tren adecuado.

- En este curso me están enseñando a pilotar trenes. Cuando realice el segundo nivel del curso, podré manejar un tren yo sola.

- Algún día, no muy lejano, voy a tener mi propio tren, lo voy a conducir yo, y va a llegar tan lejos como yo quiera.


Reflexión final: 

Hoy cené pà amb tomàquet. ¡Qué cosa más rica!



miércoles, 16 de octubre de 2013

Era una chica muy mona, aaaah, que se fue a Tarragonaaaa

Pues eso, que mañana madrugo un montón y parto rumbo a Tarragona para hacer un curso muy importante para mi profesión. Van a ser tres días muy intensos, así que andaré desaparecida de estos lares. ¡A la vuelta voy a tener muchos blogs que leer!

Va a ser la cuarta vez que visite tierras catalanas. La primera vez, fui a Port Aventura en la excursión de fin de curso de 8º de EGB (¡qué tiempos!). La segunda, un viaje exprés a Barcelona a ver el programa de Buenafuente (si alguna vez encuentro el relato que escribí de ese viaje lo pienso publicar, no tiene desperdicio). La tercera, unas vacaciones en pareja en 2008. Y ahora, un viaje de formación. ¡Voy a acabar aprendiendo catalán y todo!
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