Lo sé, tengo el blog megaabandonado. Últimamente tengo muy poquito tiempo, pero que sepáis que no me fui, que sigo aquí :)
Hoy rompo mi silencio blogueril para tentar a la suerte con el sorteo de Freak Muffin. Sortea todas las cositas de la foto y alguna más que va a ir añadiendo después. Si pinchas en la foto, te lleva al link del sorteo:
A ver si tengo suerte!
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martes, 4 de noviembre de 2014
martes, 4 de febrero de 2014
Sorteo en Blog and Coffee
Esta semana Cristina, del blog de moda y belleza Blog and Coffee, nos trae otro sorteo super tentador: un tratamiento "Piel de Ángel" en el centro Isa Rommel, en Coruña (Galicia). Ella ya lo probó, y afirma que el tratamiento hace honor a su nombre, dejándole la piel luminosa, fina y suave, como de porcelana.
Si os pilla cerca y queréis participar, pinchad en la imagen y Cristina os lo explica maravillosamente. ¡Yo ya estoy apuntada! ¡A ver si tengo suerte!
Si os pilla cerca y queréis participar, pinchad en la imagen y Cristina os lo explica maravillosamente. ¡Yo ya estoy apuntada! ¡A ver si tengo suerte!
sábado, 2 de febrero de 2013
Mascarilla de arcilla
Uno de mis propósitos para este año (tengo muchísimos) es volver a cuidarme la piel. Antes podía pasar horas en el cuarto de baño echándome cremas y potingues. Ahora me da tanta pereza, que la mayor parte de las veces no me desmaquillo (¡¡no me matéis!!).
Hace años, cuando sufría en mis carnes el horrible acné juvenil, seguía un ritual que aprendí en un programa de remedios naturales (sí, en el de Txumari, jajaja). No siempre seguía los pasos completos. No tengo ni idea de si las burradas que me hacía en la cara eran beneficiosas o me perjudicaban, pero a mí me encantaba echarme mis mascarillas y mis cositas.
Los pasos que había que seguir para el cuidado de la piel, según el programa, eran los siguientes:
- Para limpiar la cara, sólo hacía falta una lechuga. Se trata de hervir unas hojas de lechuga en un poco de agua (ahora que lo pienso, no recuerdo si tenía que hervir o sólo calentar; lo mío no es el rigor periodístico). Tras apartarla del fuego, se deja enfriar, se apartan las hojas de lechuga, y te lavas la cara con ese caldo verde. La verdad es que dejaba sensación de limpieza, pero por pereza la hice muy pocas veces.
- Para exfoliar, se puede usar sal, combinada con el paso anterior. Yo este paso lo cambié a mi gusto, y prefería usar azúcar.
- Para eliminar impurezas, una vez a la semana tocaba la mascarilla verde (¡mi paso preferido!). Mezclando un poco de arcilla en polvo de herboristería y un poco de agua, se forma una pasta que te extiendes por la cara (evitando el contorno de ojos y boca). Unos minutos después, la mascarilla se empieza a secar, dándote un aspecto como de ogro verde viscoso.
Mientras se va secando, la cara se te acartona, tienes que hablar sin separar los labios, en plan Lomana, y si te ríes, se empieza a cuartear (si te ríes mucho, puede llegar a romper en pedacitos).
Y siempre (SIEMPRE) pueden pasar dos cosas: o bien tienes un típico familiar graciosillo que te hace reír a propósito, o estás sola en casa y llaman a la puerta. Esto le pasó a una amiga ;)
- Por último, para hidratar, se hace otra mascarilla. Se hace con un par de cucharaditas de yogur, un poco de miel, y un poco de limón. Ésta daba gusto echarla, y además sabía bien :)
Años después, ya en la época de la Universidad, me encantaba seguir algunos de estos rituales con mi abuela. Todos los fines de semana volvía a casa, y los viernes de noche los dedicaba a estar con ella (¡y con el gato!). A veces nos gustaba hacer la mascarilla de yogur, y ver al Cantizano las dos en el sofá, con la cara blanca y relamiéndonos de vez en cuando, partiéndonos de risa. Ahora escribo todo esto en otra casa, en otro sofá, unos cuantos años después, con la cara verde y cuarteada, muchos recuerdos muy felices, y una sonrisa.
Hace años, cuando sufría en mis carnes el horrible acné juvenil, seguía un ritual que aprendí en un programa de remedios naturales (sí, en el de Txumari, jajaja). No siempre seguía los pasos completos. No tengo ni idea de si las burradas que me hacía en la cara eran beneficiosas o me perjudicaban, pero a mí me encantaba echarme mis mascarillas y mis cositas.
Los pasos que había que seguir para el cuidado de la piel, según el programa, eran los siguientes:
- Para limpiar la cara, sólo hacía falta una lechuga. Se trata de hervir unas hojas de lechuga en un poco de agua (ahora que lo pienso, no recuerdo si tenía que hervir o sólo calentar; lo mío no es el rigor periodístico). Tras apartarla del fuego, se deja enfriar, se apartan las hojas de lechuga, y te lavas la cara con ese caldo verde. La verdad es que dejaba sensación de limpieza, pero por pereza la hice muy pocas veces.
- Para exfoliar, se puede usar sal, combinada con el paso anterior. Yo este paso lo cambié a mi gusto, y prefería usar azúcar.
- Para eliminar impurezas, una vez a la semana tocaba la mascarilla verde (¡mi paso preferido!). Mezclando un poco de arcilla en polvo de herboristería y un poco de agua, se forma una pasta que te extiendes por la cara (evitando el contorno de ojos y boca). Unos minutos después, la mascarilla se empieza a secar, dándote un aspecto como de ogro verde viscoso.
Mientras se va secando, la cara se te acartona, tienes que hablar sin separar los labios, en plan Lomana, y si te ríes, se empieza a cuartear (si te ríes mucho, puede llegar a romper en pedacitos).
Y siempre (SIEMPRE) pueden pasar dos cosas: o bien tienes un típico familiar graciosillo que te hace reír a propósito, o estás sola en casa y llaman a la puerta. Esto le pasó a una amiga ;)
- Por último, para hidratar, se hace otra mascarilla. Se hace con un par de cucharaditas de yogur, un poco de miel, y un poco de limón. Ésta daba gusto echarla, y además sabía bien :)
Años después, ya en la época de la Universidad, me encantaba seguir algunos de estos rituales con mi abuela. Todos los fines de semana volvía a casa, y los viernes de noche los dedicaba a estar con ella (¡y con el gato!). A veces nos gustaba hacer la mascarilla de yogur, y ver al Cantizano las dos en el sofá, con la cara blanca y relamiéndonos de vez en cuando, partiéndonos de risa. Ahora escribo todo esto en otra casa, en otro sofá, unos cuantos años después, con la cara verde y cuarteada, muchos recuerdos muy felices, y una sonrisa.
Etiquetas:
belleza,
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mascarilla,
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remedios naturales
domingo, 25 de diciembre de 2011
Mi experiencia en Loida
Como os conté el otro día, fui la flamante ganadora del sorteo de Blog and Coffee. Ayer fue el día en el que disfruté del pedazo de premio: una sesión de peluquería que incluía mechas/tinte, corte y peinado. Cristina, de Blog and Coffee, se portó genial y me mandó la tarjeta regalo por correo urgente para que me llegara a tiempo.
Antes de entrar en la pelu, desayuné en el Café Vecchio un cupcake de vainilla y un té rooibos (nota mental: el lunes toca hacer un esfuerzo extra en el gimnasio).
Al llegar a la peluquería (Centro Comercial Marineda City, en el tercer piso del Corte Inglés), la propia Loida estaba en recepción. ¡No me lo esperaba! La primera impresión que tuve del salón fue la de elegancia, tanto por la decoración en color blanco como por el trato (tratan a los clientes de "usted", lo que en parte me hace gracia y en parte me parece una señal de respeto). Me pusieron una bata blanca reluciente y ya me hicieron pasar, sin esperas ni nada, ¡qué maravilla!
Un peluquero muy majo me preguntó qué quería hacerme, mientras que me aconsejaba lo que le podría venir mejor a mi pelo. Descartamos las mechas, ya que mi pelo está muy estropeado. Gracias a sus consejos, opté por un tinte vegetal para dar brillo. Me recomendaron abandonar los tintes agresivos y pasarme al vegetal, para poder poco a poco volver a mi color natural y cubrir únicamente las canas (con 28 años tengo un montón) y algunas mechas cuando tenga el pelo más sano.
Antes de teñir, me sanearon un poco las puntas y me arreglaron algo el corte. Mientras tanto (¡sorpresa!) vino una chica a hacerme las uñas. Ahí ya me sentí como una auténtica celebrity, con una persona arreglando mi pelo mientras otra arreglaba mis uñas (siempre quise saber qué se sentía, jajaja). Me dieron a elegir entre un montón de colores de Chanel. Elegí un plateado que creo que es el Graphite:
En mis uñas quedó así, aunque en la foto no se aprecian bien los miles de brillitos:
Antes de la laca de uñas, me las limaron, me echaron una cremita en las manos con un masaje (relax total) y una prebase protectora. Después de la laca, un top coat para acelerar el secado.
Tras el corte de pelo, me aplicaron el tinte y me pusieron en el secador para que el color penetrara bien. Estuve un ratito de lo más relajada, en el calor del secador y leyendo una revista.
Cuando me retiraron el tinte, me echaron mascarilla para suavizar, hidratar y desenredar. Por último, llegó la hora del peinado. Normalmente, cuando voy a la pelu, pido que me alisen el pelo, porque el rizo ya lo tengo muy visto y alisarlo en casa me da mucha pereza. Pero esta vez, gracias a los consejos de la peluquera, en vez de "liso tabla" me hicieron unas onditas con movimiento muy naturales.
Resultados:
- Una melena que pasó de estropajosa a superbrillante.
- Un peinado natural y con movimiento.
- Unos consejos que pienso seguir a rajatabla.
- Una manicura que no entraba en el premio pero que me la regalaron.
- Una persona muy contenta y satisfecha, y posible futura clienta si la economía se lo permite.
Desde aquí quiero dar las gracias a Cristina de Blog and Coffee, y a Loida y su increíble equipo. ¡Un 10 en todo!
Antes de entrar en la pelu, desayuné en el Café Vecchio un cupcake de vainilla y un té rooibos (nota mental: el lunes toca hacer un esfuerzo extra en el gimnasio).
Al llegar a la peluquería (Centro Comercial Marineda City, en el tercer piso del Corte Inglés), la propia Loida estaba en recepción. ¡No me lo esperaba! La primera impresión que tuve del salón fue la de elegancia, tanto por la decoración en color blanco como por el trato (tratan a los clientes de "usted", lo que en parte me hace gracia y en parte me parece una señal de respeto). Me pusieron una bata blanca reluciente y ya me hicieron pasar, sin esperas ni nada, ¡qué maravilla!
Un peluquero muy majo me preguntó qué quería hacerme, mientras que me aconsejaba lo que le podría venir mejor a mi pelo. Descartamos las mechas, ya que mi pelo está muy estropeado. Gracias a sus consejos, opté por un tinte vegetal para dar brillo. Me recomendaron abandonar los tintes agresivos y pasarme al vegetal, para poder poco a poco volver a mi color natural y cubrir únicamente las canas (con 28 años tengo un montón) y algunas mechas cuando tenga el pelo más sano.
Antes de teñir, me sanearon un poco las puntas y me arreglaron algo el corte. Mientras tanto (¡sorpresa!) vino una chica a hacerme las uñas. Ahí ya me sentí como una auténtica celebrity, con una persona arreglando mi pelo mientras otra arreglaba mis uñas (siempre quise saber qué se sentía, jajaja). Me dieron a elegir entre un montón de colores de Chanel. Elegí un plateado que creo que es el Graphite:
En mis uñas quedó así, aunque en la foto no se aprecian bien los miles de brillitos:
Antes de la laca de uñas, me las limaron, me echaron una cremita en las manos con un masaje (relax total) y una prebase protectora. Después de la laca, un top coat para acelerar el secado.
Tras el corte de pelo, me aplicaron el tinte y me pusieron en el secador para que el color penetrara bien. Estuve un ratito de lo más relajada, en el calor del secador y leyendo una revista.
Cuando me retiraron el tinte, me echaron mascarilla para suavizar, hidratar y desenredar. Por último, llegó la hora del peinado. Normalmente, cuando voy a la pelu, pido que me alisen el pelo, porque el rizo ya lo tengo muy visto y alisarlo en casa me da mucha pereza. Pero esta vez, gracias a los consejos de la peluquera, en vez de "liso tabla" me hicieron unas onditas con movimiento muy naturales.
Resultados:
- Una melena que pasó de estropajosa a superbrillante.
- Un peinado natural y con movimiento.
- Unos consejos que pienso seguir a rajatabla.
- Una manicura que no entraba en el premio pero que me la regalaron.
- Una persona muy contenta y satisfecha, y posible futura clienta si la economía se lo permite.
Desde aquí quiero dar las gracias a Cristina de Blog and Coffee, y a Loida y su increíble equipo. ¡Un 10 en todo!
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