Hoy estoy muy animada. Decidí reincorporarme al gimnasio después de casi dos semanas, pues estaba harta de tanto sedentarismo. Yo, que mi deporte preferido siempre fue el zapping. Yo, que odiaba la asignatura de Educación Física (y que incluso la suspendí alguna vez, ejem...). Yo, que siento una atracción magnética hacia el sofá. Pues así como os lo cuento, mi cuerpo me pedía a gritos algo de movimiento, aunque fuera ligero. Así que, tomándomelo con mucha calma, allá fui, estiré antes de entrenar, hice los ejercicios con un cuidado infinito, sin importarme que las máquinas se pusieran en naranja en lugar de en verde, y al acabar estiré el doble que de costumbre. Una duchita, un momento tertulia con las compañeras y las monitoras, que además también las echaba de menos, y toma chute de energía. ¡Llegué a casa como nueva!
Por otra parte, la báscula semanal también se portó muy bien, pero, aunque parezca mentira, fue lo que menos me importó. Lo que de verdad me benefició fue volver a moverme, volver a llevar una vida moderadamente activa, volver a la normalidad. Aunque aún tenga algún dolorcillo, ya no me siento una persona enferma, y no me sentía así de sana desde el 30 de diciembre, que empecé con alergia, luego catarro, luego gripe, y luego la espalda (el mes de enero no tuvo piedad conmigo, fui encadenando una tras otra). El volver a moverme es lo que me está devolviendo la energía. Así que desde este humilde blog, y desde la más absoluta inexperiencia (ya digo, durante toda mi vida me moví menos que un gato de escayola), ofrezco un consejo de Perogrullo que los médicos llevan años diciendo: muévete. Da igual el tipo de actividad, el caso es buscar algo que te guste o que en principio te suponga poco esfuerzo o no te robe mucho tiempo. Yo, por ejemplo, odio correr. Sé que está de moda, dicen que engancha, pero para mí es un suplicio. Pero me encanta bailar, las actividades dirigidas tipo step, aerobic, zumba... Y si no tienes tiempo ni ganas de ir a un gimnasio, sirve con subir escaleras, pasar la aspiradora, sacar a pasear al perro dando una vueltecilla un poco más larga. Además de salud física, ganarás en salud mental. Ya sabes, el rollo de las endorfinas y todo eso. ¡Nunca es tarde para empezar! ¡Todo el mundo a moverse!
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martes, 4 de febrero de 2014
¡Muévete!
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vida sana
martes, 21 de enero de 2014
Operación bikini 2014
Le llamo "operación bikini", pero en realidad debería llamarle "operación cambio de hábitos". Claro que quiero poder poner el bikini este verano sin que asomen demasiadas lorzas, pero lo que me estoy proponiendo es aprender a comer de manera más sana, por varios motivos:
- La ropa. No quiero salir deprimida de las tiendas de ropa, quejándome de que sólo hacen pantalones para anoréxicas (mi frase preferida cuando la prenda que me gusta no me sirve). Tampoco quiero adaptar mi cuerpo a la ropa que venden ni a las modas absurdas de thigh gaps o bikini bridges. Simplemente soy consciente de que me sobran unos kilos para sentirme a gusto en mis carnes, tengo el cuerpo que tengo y no lo voy a cambiar, sólo quiero que abulte un poco menos.
- Las fotos. Quiero poder posar para una foto sin pensar en lo gorda que voy a salir. No quiero dejar en el disco duro esa foto tan chula que quería publicar en el Facebook pero que queda sin publicar porque parezco una orca asesina y el resto de gente sale bien.
- La salud. Tengo algo de sobrepeso, no sólo a simple vista, sino que me lo dice el cálculo del IMC. En las últimas analíticas también me salió el colesterol algo alto, y no quiero tener que acabar tomando pastillas ni danacoles. Además hace poco me diagnosticaron asma (próximo objetivo: dejar de fumar).
- Mi relación con la comida. Me gusta mucho comer. Conozco a gente que, si fuera posible, se alimentaría de pastillas que contuvieran todos los nutrientes con tal de no tener que cocinar, masticar y fregar los platos. Yo no. Incluso, cuando tengo un día de bajón, me "premio" o me "consuelo" con chocolate, Mister Corn África o Pringles Sour&Cream (yo creo que contienen droga o algo). Y todo se convierte en un círculo vicioso: voy de compras, ese vestido tan mono no lo hay de mi talla, mando todo a tomar viento y me voy a por un McFlurry de oreo con dulce de leche. Y vuelta a empezar.
- El ánimo. Creo firmemente que lo de dentro está muy relacionado con lo de fuera. Si me veo bien físicamente, subo un escaloncito de autoestima, y viceversa, si estoy tranquila y contenta, voy a hacer lo posible por seguir cuidándome por fuera. Me pasa incluso con el orden de la casa: tan sólo con pasar la fregona, ordenar el cajón de las pañoletas o hacer cambio de armario, mi alma se siente un poco más zen, y viceversa, si tengo la cabeza como un bombo, no consigo que las estanterías estén ordenadas.
- La gente. No debería de importarme demasiado, pero me importa la opinión de los demás. Hace poco, una conocida, sin mala intención, me llamó "rellenita". Sé que lo estoy, pero ese comentario me llegó al alma. Nadie le dio permiso para opinar sobre el volumen de mi cuerpo. La gente seguirá opinando sin mi permiso, así que no quiero que me sigan viendo como "esa chica rellenita".
Considero que son motivos más que de sobra (sobre todo el de la salud) para plantearme un cambio de hábitos, pero para siempre. Como todo, en este proceso tengo algunos puntos fuertes y débiles:
Puntos fuertes (¡ánimo, Koki, tú puedes!):
- Como ya dije, me gusta mucho comer, así que me gusta una gran variedad de comida. Disfruto con una pizza, sí, pero también con unas espinacas o una berenjena a la plancha. Toda la verdura me encanta. Compadezco a todos aquellos que se ponen a dieta y se deprimen al ver una alcachofa. Eso es un gran punto a mi favor. Además tampoco le pongo pegas a tomar las infusiones con sacarina o stevia, puedo sobrevivir sin azúcar.
- Aunque soy un animal sedentario, hay ejercicios que me gustan, sobre todo los relacionados con el baile. Fui a Batuka, a aerobic, a step, a body pump, y ahora voy a Zumba. Llevo dos años en este gimnasio, y voy muy motivada. Además hace unos meses empecé a socializar, y el coincidir con las chicas con las que congenio también me motiva.
- Este verano hice una versión corta del Camino de Santiago. Fue duro, sufrí, vejigas en los pies, agujetas, contracturas musculares y lloreras, dudé muchas veces de mí misma, pero al final llegué. Es una señal de que puedo conseguir las cosas que me propongo, por mucho esfuerzo que cuesten (Nota mental: recordar siempre esta última frase).
Puntos débiles:
- La vida social. No siempre se puede comer de dieta. A veces hay compromisos, cenas familiares, de amigos, salidas nocturnas (hay que ver lo que engorda una cerveza), fines de semana enteros en casa de mi amiga M... Este fin de semana pasado tuve una cena en casa de una amiga. Había pizza, flan, crema catalana y tarta helada. Lo resolví llevándome mi cenita sana en un tupper (¡minipunto para Koki!). Aunque confieso que probé un trocito pequeñito pequeñito de flan...
- Mi mencionada relación con la comida. Tendré que echar mano de mucha motivación y mucha fuerza para evitar esos momentos de "estoy triste/ansiosa/premenstrual/todo a la vez, necesito chocolate, mañana es otro día".
- Me encanta hacer postres, pero en los próximos meses no los pienso hacer. Seré egoísta, pero de momento no quiero hacer cosas hipercalóricas para otros cuando yo no las puedo comer. Más adelante ya me permitiré algún postrecillo muy de vez en cuando. ¿Os cuento algo gracioso? En Reyes me regalaron una gofrera. Sólo me dio tiempo de usarla una vez.
Tras todo este análisis, os cuento que llevo una semana haciendo una dieta del gimnasio, supervisada por nutricionistas, y estoy muy animada. No pasé hambre en toda la semana, hago las 5 comidas, comí muy bien, y en casa me apoyan mucho; comemos casi todos lo mismo, sólo que yo un poquito menos de cantidad, pero en realidad son comidas que valen para todos.
Hoy me pesaron y me midieron la grasa corporal con la maquinita esa que se coge como un volante. ¿Resultado? 1´400 kg. menos, y un 2% menos de grasa. En el espejo me veo menos barrigola. Lo importante de todo esto no sólo es adelgazar ahora, sino adoptar hábitos a mi vida: comer bien, ir al gimnasio al menos 4 días, beber mucha agua y caminar. De momento no estoy caminando gran cosa, porque estoy saliendo de un gripazo y de una lumbalgia (¡toma combo!), pero hoy me compré un podómetro y veo que, sin obsesionarme (no lo pienso hacer), también es algo que anima. Me sorprendí a mí misma dando paseíllos de la lavadora al tendal, del tendal a la cocina, luego ir a bajar la basura... para ver cómo los numeritos van subiendo. Si al final esto de adquirir hábitos sanos va a ser divertido.
- La ropa. No quiero salir deprimida de las tiendas de ropa, quejándome de que sólo hacen pantalones para anoréxicas (mi frase preferida cuando la prenda que me gusta no me sirve). Tampoco quiero adaptar mi cuerpo a la ropa que venden ni a las modas absurdas de thigh gaps o bikini bridges. Simplemente soy consciente de que me sobran unos kilos para sentirme a gusto en mis carnes, tengo el cuerpo que tengo y no lo voy a cambiar, sólo quiero que abulte un poco menos.
- Las fotos. Quiero poder posar para una foto sin pensar en lo gorda que voy a salir. No quiero dejar en el disco duro esa foto tan chula que quería publicar en el Facebook pero que queda sin publicar porque parezco una orca asesina y el resto de gente sale bien.
- La salud. Tengo algo de sobrepeso, no sólo a simple vista, sino que me lo dice el cálculo del IMC. En las últimas analíticas también me salió el colesterol algo alto, y no quiero tener que acabar tomando pastillas ni danacoles. Además hace poco me diagnosticaron asma (próximo objetivo: dejar de fumar).
- Mi relación con la comida. Me gusta mucho comer. Conozco a gente que, si fuera posible, se alimentaría de pastillas que contuvieran todos los nutrientes con tal de no tener que cocinar, masticar y fregar los platos. Yo no. Incluso, cuando tengo un día de bajón, me "premio" o me "consuelo" con chocolate, Mister Corn África o Pringles Sour&Cream (yo creo que contienen droga o algo). Y todo se convierte en un círculo vicioso: voy de compras, ese vestido tan mono no lo hay de mi talla, mando todo a tomar viento y me voy a por un McFlurry de oreo con dulce de leche. Y vuelta a empezar.
- El ánimo. Creo firmemente que lo de dentro está muy relacionado con lo de fuera. Si me veo bien físicamente, subo un escaloncito de autoestima, y viceversa, si estoy tranquila y contenta, voy a hacer lo posible por seguir cuidándome por fuera. Me pasa incluso con el orden de la casa: tan sólo con pasar la fregona, ordenar el cajón de las pañoletas o hacer cambio de armario, mi alma se siente un poco más zen, y viceversa, si tengo la cabeza como un bombo, no consigo que las estanterías estén ordenadas.
- La gente. No debería de importarme demasiado, pero me importa la opinión de los demás. Hace poco, una conocida, sin mala intención, me llamó "rellenita". Sé que lo estoy, pero ese comentario me llegó al alma. Nadie le dio permiso para opinar sobre el volumen de mi cuerpo. La gente seguirá opinando sin mi permiso, así que no quiero que me sigan viendo como "esa chica rellenita".
Considero que son motivos más que de sobra (sobre todo el de la salud) para plantearme un cambio de hábitos, pero para siempre. Como todo, en este proceso tengo algunos puntos fuertes y débiles:
Puntos fuertes (¡ánimo, Koki, tú puedes!):
- Como ya dije, me gusta mucho comer, así que me gusta una gran variedad de comida. Disfruto con una pizza, sí, pero también con unas espinacas o una berenjena a la plancha. Toda la verdura me encanta. Compadezco a todos aquellos que se ponen a dieta y se deprimen al ver una alcachofa. Eso es un gran punto a mi favor. Además tampoco le pongo pegas a tomar las infusiones con sacarina o stevia, puedo sobrevivir sin azúcar.
- Aunque soy un animal sedentario, hay ejercicios que me gustan, sobre todo los relacionados con el baile. Fui a Batuka, a aerobic, a step, a body pump, y ahora voy a Zumba. Llevo dos años en este gimnasio, y voy muy motivada. Además hace unos meses empecé a socializar, y el coincidir con las chicas con las que congenio también me motiva.
- Este verano hice una versión corta del Camino de Santiago. Fue duro, sufrí, vejigas en los pies, agujetas, contracturas musculares y lloreras, dudé muchas veces de mí misma, pero al final llegué. Es una señal de que puedo conseguir las cosas que me propongo, por mucho esfuerzo que cuesten (Nota mental: recordar siempre esta última frase).
Puntos débiles:
- La vida social. No siempre se puede comer de dieta. A veces hay compromisos, cenas familiares, de amigos, salidas nocturnas (hay que ver lo que engorda una cerveza), fines de semana enteros en casa de mi amiga M... Este fin de semana pasado tuve una cena en casa de una amiga. Había pizza, flan, crema catalana y tarta helada. Lo resolví llevándome mi cenita sana en un tupper (¡minipunto para Koki!). Aunque confieso que probé un trocito pequeñito pequeñito de flan...
- Mi mencionada relación con la comida. Tendré que echar mano de mucha motivación y mucha fuerza para evitar esos momentos de "estoy triste/ansiosa/premenstrual/todo a la vez, necesito chocolate, mañana es otro día".
- Me encanta hacer postres, pero en los próximos meses no los pienso hacer. Seré egoísta, pero de momento no quiero hacer cosas hipercalóricas para otros cuando yo no las puedo comer. Más adelante ya me permitiré algún postrecillo muy de vez en cuando. ¿Os cuento algo gracioso? En Reyes me regalaron una gofrera. Sólo me dio tiempo de usarla una vez.
Tras todo este análisis, os cuento que llevo una semana haciendo una dieta del gimnasio, supervisada por nutricionistas, y estoy muy animada. No pasé hambre en toda la semana, hago las 5 comidas, comí muy bien, y en casa me apoyan mucho; comemos casi todos lo mismo, sólo que yo un poquito menos de cantidad, pero en realidad son comidas que valen para todos.
Hoy me pesaron y me midieron la grasa corporal con la maquinita esa que se coge como un volante. ¿Resultado? 1´400 kg. menos, y un 2% menos de grasa. En el espejo me veo menos barrigola. Lo importante de todo esto no sólo es adelgazar ahora, sino adoptar hábitos a mi vida: comer bien, ir al gimnasio al menos 4 días, beber mucha agua y caminar. De momento no estoy caminando gran cosa, porque estoy saliendo de un gripazo y de una lumbalgia (¡toma combo!), pero hoy me compré un podómetro y veo que, sin obsesionarme (no lo pienso hacer), también es algo que anima. Me sorprendí a mí misma dando paseíllos de la lavadora al tendal, del tendal a la cocina, luego ir a bajar la basura... para ver cómo los numeritos van subiendo. Si al final esto de adquirir hábitos sanos va a ser divertido.
Y voy yo y lo cuento en el blog
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jueves, 29 de septiembre de 2011
Me cambio de gimnasio!
Ayer fui a un conocido gimnasio sólo para mujeres (esto es como decir "unos conocidos grandes almacenes" cuando todo el mundo sabe que hablas del Corte Inglés). Tenía cita para una sesión gratis de prueba porque están en la semana de puertas abiertas, y todo lo gratis mola, así que allá fui.
Al llegar, las empleadas, muy sonrientes, se me presentaron y me atendieron muy amablemente. A pesar de que era una sesión de prueba, me pasaron un montón de cuestionarios sobre estilo de vida, hábitos, salud en general... Yo ya iba con la idea de apuntarme, y menos mal, porque si llego a estar dudando, ¡casi no me daban la opción de decir que no! Luego me pesaron, comprobé que desde que dejé la dieta volví a subir un poquito (un poquito no, subiste unos 5 kilazos y una talla de pantalón, cacho mentirosa), y me midieron la grasa corporal con el aparatito ese que te escanea el cuerpo entero y te dice lo gorda que estás aunque tú ya lo sepas.
Cuando la maquinita infernal me dijo que tengo la grasa de una morsa obesa mórbida adicta a los donuts con mantequilla de cacahuete, poco me faltó para ponerme a llorar allí mismo suplicando una liposucción de urgencia (¿alteraría los datos el minipaquete de pipas peladas sabor Tijuana que regalaban con la Cuore y que me zampé de camino al gimnasio?, pensé, ilusa de mí). En vez de eso, me mantuve muy digna mientras la chica me proponía unas metas bastante realistas a conseguir a medio plazo. Ahí ya me animé un poco.
Luego tocaba recorrido por las máquinas: un círculo de 13 máquinas que hay que recorrer 2 veces en media hora. Cuando consigues entender la máquina y empiezas a ejercitarte, una voz de hombre te dice "cambio", te bajas de la máquina tropezando para dejarle el sitio a tu compañera y te pasas a otra. Allí yo parecía la única novata, supongo que será normal, pero es que ¡hasta las señoras mayores lo hacían mejor que yo!
Luego, estiramientos. Eso sí lo sé hacer (menos mal).
Por último, firmé el contrato (¡de un año!) y me comprometí a acudir al menos tres veces por semana, y cuando pueda, a ir cinco días. Casi me da la risa.
Conclusiones:
- Hoy me borré de mi antiguo gimnasio. ¡Adiós, clases de step! (eso sí que lo echaré de menos)
- Lo mejor de este gimnasio: la motivación. Todo son incentivos para que continúes con el ejercicio: metas, programas de puntos, regalitos, desafíos...
- Lo peor: La manera de enganchar a la gente para que se apunte. Si eres débil y no sabes decir que no, y no tienes muy claro si ir o no, no vayas.
- Una curiosidad: lo happy-yuppis que parecían todas. ¿Sobredosis de café? ¿Droja en el colacao? ¿Endorfinas endógenas producidas por lo superguay que es hacer ejercicio? Y lo que más me preocupa... ¿acabaré yo también dando saltitos y gritando "vamos, chicas"?
- Mi previsión de futuro: espero adelgazar algo, contando con la inestimable ayuda de Pinchiño en su faceta de cocinero; si me mato a ejercicios pero sigo comiendo como un náufrago recién rescatado, no hacemos nada. ¡Quiero volver a entrar en la talla 40 de Stradivarius!
Al llegar, las empleadas, muy sonrientes, se me presentaron y me atendieron muy amablemente. A pesar de que era una sesión de prueba, me pasaron un montón de cuestionarios sobre estilo de vida, hábitos, salud en general... Yo ya iba con la idea de apuntarme, y menos mal, porque si llego a estar dudando, ¡casi no me daban la opción de decir que no! Luego me pesaron, comprobé que desde que dejé la dieta volví a subir un poquito (un poquito no, subiste unos 5 kilazos y una talla de pantalón, cacho mentirosa), y me midieron la grasa corporal con el aparatito ese que te escanea el cuerpo entero y te dice lo gorda que estás aunque tú ya lo sepas.
Cuando la maquinita infernal me dijo que tengo la grasa de una morsa obesa mórbida adicta a los donuts con mantequilla de cacahuete, poco me faltó para ponerme a llorar allí mismo suplicando una liposucción de urgencia (¿alteraría los datos el minipaquete de pipas peladas sabor Tijuana que regalaban con la Cuore y que me zampé de camino al gimnasio?, pensé, ilusa de mí). En vez de eso, me mantuve muy digna mientras la chica me proponía unas metas bastante realistas a conseguir a medio plazo. Ahí ya me animé un poco.
Luego tocaba recorrido por las máquinas: un círculo de 13 máquinas que hay que recorrer 2 veces en media hora. Cuando consigues entender la máquina y empiezas a ejercitarte, una voz de hombre te dice "cambio", te bajas de la máquina tropezando para dejarle el sitio a tu compañera y te pasas a otra. Allí yo parecía la única novata, supongo que será normal, pero es que ¡hasta las señoras mayores lo hacían mejor que yo!
Luego, estiramientos. Eso sí lo sé hacer (menos mal).
Por último, firmé el contrato (¡de un año!) y me comprometí a acudir al menos tres veces por semana, y cuando pueda, a ir cinco días. Casi me da la risa.
Conclusiones:
- Hoy me borré de mi antiguo gimnasio. ¡Adiós, clases de step! (eso sí que lo echaré de menos)
- Lo mejor de este gimnasio: la motivación. Todo son incentivos para que continúes con el ejercicio: metas, programas de puntos, regalitos, desafíos...
- Lo peor: La manera de enganchar a la gente para que se apunte. Si eres débil y no sabes decir que no, y no tienes muy claro si ir o no, no vayas.
- Una curiosidad: lo happy-yuppis que parecían todas. ¿Sobredosis de café? ¿Droja en el colacao? ¿Endorfinas endógenas producidas por lo superguay que es hacer ejercicio? Y lo que más me preocupa... ¿acabaré yo también dando saltitos y gritando "vamos, chicas"?
- Mi previsión de futuro: espero adelgazar algo, contando con la inestimable ayuda de Pinchiño en su faceta de cocinero; si me mato a ejercicios pero sigo comiendo como un náufrago recién rescatado, no hacemos nada. ¡Quiero volver a entrar en la talla 40 de Stradivarius!
jueves, 10 de febrero de 2011
Primer día de gimnasio... ¡Prueba superada!
20 minutos en la máquinainfernaldiseñadaporunalmaendemoniada, también conocida como bicicleta elíptica.
3 series de 15 repeticiones en diversas máquinas de abrir piernas, cerrar piernas, levantar piernas, endurecer culo...
3 series de 15 repeticiones en la máquina de lumbares.
3 series de 15 repeticiones en la máquina de abdominales.
Estiramientos.
Para ser el primer día, no está nada mal, ¿no?
Lo peor de todo es que...
¡Estoy rota, no me puedo mover! ¡Y mañana vienen las agujetas!
3 series de 15 repeticiones en diversas máquinas de abrir piernas, cerrar piernas, levantar piernas, endurecer culo...
3 series de 15 repeticiones en la máquina de lumbares.
3 series de 15 repeticiones en la máquina de abdominales.
Estiramientos.
Para ser el primer día, no está nada mal, ¿no?
Lo peor de todo es que...
¡Estoy rota, no me puedo mover! ¡Y mañana vienen las agujetas!
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