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martes, 14 de mayo de 2013

15 + 15



-        Porque empecé la carrera en pesetas. Y con el plan antiguo. 

-         Porque antes con 100 pesetas compraba 20 gominolas o 100 caramelos pequeñitos. Ahora con 0´60 € me compro dos regalices. 

-         Porque cuando era adolescente no había piercings, había pendientes en las orejas. El primero me lo puse a los 13, en una relojería y con pistola.

-         Porque fui la última generación de EGB, BUP y COU, cuando aún existían Naturales y Sociales (o "natu" y "soci") y no ese invento de "Coñecemento do medio".

-    Porque jugué con Barbies, y no me traumaticé con sus medidas de mujer imposible, para mí era una muñeca y punto. Tenía muchos vestidos comprados, pero me gustaba más hacerles modelitos con dos retales y un lazo. Y no existían las chonis de las Bratz, ni las chonis muertas de las Monster High.

-    Porque yo también bailaba el Wannabe en el recreo.

-    Porque me puse triste cuando se separaron los Take That y forraba mis carpetas con los pósters de la Súper Pop, aunque me daban vergüenza ajena las niñas histéricas que salían en la tele, antes incluso de que Justin Bieber naciera (beliebers, no tenéis ni idea, mirad a éstas).

-    Porque cuando una canción me gustaba mucho mucho, esperaba pacientemente a que la pusieran en la radio, y con una cinta virgen preparada, le daba muy rápido a "record", con una habilidad especial para evitar la voz del locutor. Me hice unos buenos recopilatorios con este método. 

-    Porque los trabajos del cole los hacía consultando la enciclopedia. La de verdad, esos libros gordos que había en las casas y te vendían por las puertas. 

-    Porque en clase de informática me enseñaron en MS-DOS. 

-    Porque de mayor quería ser bailarina.

-         Porque recuerdo el cine a 500 pesetas.

-         Porque con 15 años me teñí porque sí. Ahora me tengo que teñir porque tengo canasaaaaaaaaaaaargh!

-     Porque hoy ya es 14 de mayo, el tiempo pasa y cumplo 30 años. Aunque yo prefiero decir que cumplo dos veces 15.

sábado, 2 de febrero de 2013

Mascarilla de arcilla

Uno de mis propósitos para este año (tengo muchísimos) es volver a cuidarme la piel. Antes podía pasar horas en el cuarto de baño echándome cremas y potingues. Ahora me da tanta pereza, que la mayor parte de las veces no me desmaquillo (¡¡no me matéis!!).

Hace años, cuando sufría en mis carnes el horrible acné juvenil, seguía un ritual que aprendí en un programa de remedios naturales (sí, en el de Txumari, jajaja). No siempre seguía los pasos completos. No tengo ni idea de si las burradas que me hacía en la cara eran beneficiosas o me perjudicaban, pero a mí me encantaba echarme mis mascarillas y mis cositas.

Los pasos que había que seguir para el cuidado de la piel, según el programa, eran los siguientes:

- Para limpiar la cara, sólo hacía falta una lechuga. Se trata de hervir unas hojas de lechuga en un poco de agua (ahora que lo pienso, no recuerdo si tenía que hervir o sólo calentar; lo mío no es el rigor periodístico). Tras apartarla del fuego, se deja enfriar, se apartan las hojas de lechuga, y te lavas la cara con ese caldo verde. La verdad es que dejaba sensación de limpieza, pero por pereza la hice muy pocas veces.


- Para exfoliar, se puede usar sal, combinada con el paso anterior. Yo este paso lo cambié a mi gusto, y prefería usar azúcar. 


- Para eliminar impurezas, una vez a la semana tocaba la mascarilla verde (¡mi paso preferido!). Mezclando un poco de arcilla en polvo de herboristería y un poco de agua, se forma una pasta que te extiendes por la cara (evitando el contorno de ojos y boca). Unos minutos después, la mascarilla se empieza a secar, dándote un aspecto como de ogro verde viscoso.


 



Mientras se va secando, la cara se te acartona, tienes que hablar sin separar los labios, en plan Lomana, y si te ríes, se empieza a cuartear (si te ríes mucho, puede llegar a romper en pedacitos).



  



 Y siempre (SIEMPRE) pueden pasar dos cosas: o bien tienes un típico familiar graciosillo que te hace reír a propósito, o estás sola en casa y llaman a la puerta. Esto le pasó a una amiga ;)


- Por último, para hidratar, se hace otra mascarilla. Se hace con un par de cucharaditas de yogur, un poco de miel, y un poco de limón. Ésta daba gusto echarla, y además sabía bien :)


Años después, ya en la época de la Universidad, me encantaba seguir algunos de estos rituales con mi abuela. Todos los fines de semana volvía a casa, y los viernes de noche los dedicaba a estar con ella (¡y con el gato!). A veces nos gustaba hacer la mascarilla de yogur, y ver al Cantizano las dos en el sofá, con la cara blanca y relamiéndonos de vez en cuando, partiéndonos de risa. Ahora escribo todo esto en otra casa, en otro sofá, unos cuantos años después, con la cara verde y cuarteada, muchos recuerdos muy felices, y una sonrisa.


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