miércoles, 16 de octubre de 2013

Era una chica muy mona, aaaah, que se fue a Tarragonaaaa

Pues eso, que mañana madrugo un montón y parto rumbo a Tarragona para hacer un curso muy importante para mi profesión. Van a ser tres días muy intensos, así que andaré desaparecida de estos lares. ¡A la vuelta voy a tener muchos blogs que leer!

Va a ser la cuarta vez que visite tierras catalanas. La primera vez, fui a Port Aventura en la excursión de fin de curso de 8º de EGB (¡qué tiempos!). La segunda, un viaje exprés a Barcelona a ver el programa de Buenafuente (si alguna vez encuentro el relato que escribí de ese viaje lo pienso publicar, no tiene desperdicio). La tercera, unas vacaciones en pareja en 2008. Y ahora, un viaje de formación. ¡Voy a acabar aprendiendo catalán y todo!

domingo, 13 de octubre de 2013

Conversaciones de besugos (X)

Situación: Viernes noche, en un pub. Me retoco el pintalabios rojo en un lavabo con espejo que está fuera de los baños (¿?). 



Un chico que sale del baño: Ahí, dale al Russian Red.


Yo: Ojalá. Es Rojo Mercadona.



jueves, 10 de octubre de 2013

Duda tecnológica, informática, o llámale como quieras

Hace poco me volví a aficionar a escuchar música mientras estoy en casa. Retomé mi cuenta de Spotify y creé una cuenta llamada "música para limpiar". Empecé a meter todas las canciones con las que me apetece usar la fregona como micrófono. Mi lista fue creciendo con música muy variada (cada día añadía una o dos), conectaba los altavoces y andaba toda feliz y animada por casa, hasta que... mi amigo Spotify me dijo que se me acabaron los minutos. Listo. No hay más. Adiós cuenta.

Ayer me hice una cuenta de Grooveshark. Creé de nuevo la lista, y empecé poco a poco a añadir las mismas canciones, más otras que fui encontrando (¡¡tienen todas las de zumba!!). Cuando llevaba 43, de repente dejó de funcionar. Hay un error con esta canción. Y así con todas.

Probé a descargarme el Grooveshark Portable para no usar la versión web. Tampoco funciona. ¿Algún alma caritativa sabe por qué me da error, y cómo puedo solucionarlo?

martes, 8 de octubre de 2013

Actores que confundo

Normalmente tengo buena memoria, pero a veces estoy viendo una película y tengo que hacer un verdadero esfuerzo para acordarme del nombre de un determinado actor, ya que sólo me sale el nombre de otra persona. Éstos son los actores con los que más me pasa (o me pasaba):





- Leslie Nielsen y Steve Martin: 




A estos dos me costó añísimos diferenciarlos. Ahora sé quién es cada uno, pero el nombre de Steve Martin nunca me sale. Lo soluciono con "el del pelo blanco", que vale para los dos y normalmente la gente te entiende.

- Vi una peli de "el del pelo blanco". 
- ¿Leslie Nielsen?
- No, el otro.






- Ben Stiller y Adam Sandler: 




Estos dos se parecen lo mismo que un huevo a una castaña, pero para mí son intercambiables. Si me dices el nombre de uno y me enseñas la cara del otro, me lo creo.





- Sharon Stone, Kim Bassinger y Michelle Pfeiffer: 







No es que se parezcan demasiado, sólo en que son rubias, tienen edades similares, y triunfaron en la misma época, pero las confundiré toda la vida.




- Russell Crowe y Gerard Butler: 





Tienen un aire, no me digáis que no.




- Isla Fisher y Amy Adams: 



Podrían pasar por gemelas si no fuera por el color de ojos.




- Harrison Ford y otro actor del que ahora mismo no recuerdo el nombre, por eso no puedo buscar su foto en Google: 


En cuanto me acuerde, actualizo el post.


EDITADO: Robert Redford:


No se parecen, pero les intercambio los nombres.





EDITADO DE NUEVO: No era Robert Redford! Era Kevin Costner!






- Ryan Gosling y Ryan Reynolds: 





No se parecen, pero yo les intercambio los apellidos.




- Jennifer Garner y Rachel McAdams: 




Ahora ya no las confundo, pero antes me pasaba mucho, y eso que sólo se parecen un poco en la boca y la mandíbula.


Seguro que hay alguno más que ahora no recuerdo. ¿A alguien más le pasa?

viernes, 27 de septiembre de 2013

Alisado de keratina: mi experiencia

Hace cosa de un mes decidí ir a la pelu a que me hicieran el alisado de keratina. Como ya pasó un tiempo, ya puedo opinar sobre el resultado, y no puedo estar más contenta.

Acudí a una peluquería que descubrí hace poco porque en ella trabaja una chica que conozco y que ya me atendió varias veces en la pelu donde trabajaba antes.

El procedimiento del alisado de keratina es largo y aburrido, pero el resultado merece mucho la pena. Mi pelo es ondulado/rizo (tengo un rizo grande), y ahora salgo de la ducha con el pelo casi liso.

En primer lugar me lavaron el pelo, frotando mucho para que se abriera la cutícula. No recuerdo si después me secaron el pelo, pero creo recordar que sí :P
A continuación, me aplicaron la keratina mechón a mechón, y una vez aplicada, tuve que esperar un buen rato con el producto aplicado.
Después me pasaron la plancha para alisar, y tras esperar otro rato, me lo lavaron de nuevo. Por último, me lo secaron con secador, sin cepillo ni nada, y mi pelo estaba totalmente liso y suave. En total, todo el proceso duró unas tres horas, durante las cuales me leí un par de revistas y mantuve unas cuantas conversaciones con las peluqueras.

¿Ventajas de la keratina? Todas. El pelo queda liso y con aspecto sano, una maravilla.

¿Inconvenientes? Yo le vi tres:

- Al abrir la cutícula del pelo, el tinte que tengas escapa por patas. Yo lo tenía teñido de rojo y acabé casi rubia, no digo más. Al quedarme tan claro, hoy aproveché para teñirme de cobrizo anaranjado (era el color que me faltaba) y me encanta.

- Después del tratamiento, hay que pasar tres días sin lavar ni mojar el pelo, ni deformarlo con coletas ni horquillas. A mí me coincidió con tres días de calor espantoso (un saludo para el cambio climático), y yo, que soy de naturaleza sudorosa, esos días dormí con la ventana abierta y procurando no pasar calor. El primer día, salí de marcha con un abanico. El segundo día, me descubrí una onda, le pasé la plancha, y sin problema. El tercer día, parecía que acababa de sacar la cabeza de la freidora y me picaba todo. Como mi pelo es muy largo, tuve que usar un gorro de ducha superfashionchinostyle.

- El champú. En la pelu recomiendan usar uno sin sulfatos. Yo, toda confiada, no lo compré en la peluquería, pensando que en algún supermercado podría conseguir uno. MAL. Hay champús sin siliconas, sin parabenos y sin grasas vegetales parcialmente hidrogenadas, pero no sin sulfatos. Recordé todos los artículos leídos en internet acerca del co-wash (lavar el pelo sólo con acondicionador) y del no-poo (lavar el pelo con bicarbonato y vinagre). Así que me lancé a la piscina, compré bicarbonato y decidí utilizar el vinagre de frambuesa para el pelo de Deliplus (por cierto, cuando lo compré era color frambuesa, y unos días más tarde se volvió verde. VERDE). Cuando acabé el vinagre de frambuesa, compré el de manzana, que es el que recomiendan.
El día que al fin pude lavar el pelo un coro de angelotes entonaba el "Aleluya", preparé los mejunjes, me los apliqué, y milagro, mi pelo estaba limpio. Durante unos días conseguí lavarlo un día sí y uno no. Mientras tanto, me puse a investigar champús naturales por internet. Me compré por ebay uno a base de aceite de aguacate y nosequé. Una caca pinchada en un palo. Es un líquido que no hace espuma y que, aunque lo eche sólo en las puntas, el pelo queda graso.
Mientras no me llegó el champú, seguí con el bicarbonato. ¿El problema? Aunque el pelo me quedaba limpio y desenredado, las puntas quedaban estropajosas, incluso las del flequillo. De vez en cuando echaba algo de acondicionador o mascarilla, y el problema mejoraba un poco. Luego me llegó el champú de ebay, y pasé al problema contrario.
Como tenía previsto acudir a un festival con acampada, y no me iba a llevar mis mejunjes (ni el champú aceitoso), fui a una tienda de cosmética profesional y me compré un champú sin sulfatos y con keratina. Por 18 euros no sé si es champú o sangre de unicornio. Este champú tampoco hace espuma y deja el pelo como apelmazado, por mucho que lo aclare. Eso sí, huele muy bien, como a clavel.
Mi última esperanza está en las hierbas indias (o Shikakai) que me llegaron hoy a casa tras varias semanas de espera. Aún no las probé, ya que fui a la pelu a teñirme. Si me funciona, me las compro por toneladas.

En resumen: estoy muy contenta con el resultado del alisado, que bien cuidado puede durar 4 meses, aunque sigo un poco desesperada en mi búsqueda del champú perfecto.

domingo, 25 de agosto de 2013

Camino de Santiago: pequeños consejos

Antes de nada, quiero decir que estos consejos están basados en mi muy humilde experiencia. No tienen por qué servir para todo el mundo, simplemente es lo que me sirvió a mí.

- Duerme en hoteles y/o hostales. Si tienes mucho afán aventurero y no te duele la espalda puedes dormir en albergues. En mi caso, si duermo en una esterilla, al día siguiente me tienen que recoger con pinzas, ya que mi pobre espalda no lo soportaría. Pero si eres fuerte, adelante. Nosotras queríamos algo sencillo, con tal de que tuviera una cama limpia y ducha ya nos valía. Hoteles de ese tipo hay a patadas.

- Si duermes en hoteles, contrátalos sin desayuno. El desayuno encarece un montón el precio final, sale más barato desayunar en cualquier cafetería. 

- Contrata un servicio que te lleve la mochila. Por 5 euros por mochila, te la llevan de un hotel a otro. Lógicamente, si hay que hacer 3 traslados, como tuvimos que hacer nosotras, te cobrarán 15 euros. Mi espalda y mi cuerpo entero agradecieron enormemente esta decisión. Si contratas este servicio, puedes meter más "porsiacasos" en la mochila: otros tenis "por si acaso" rompen o se mojan, mil calcetines "por si acaso" los tengo que cambiar muchas veces, gel y champú "por si acaso" en el hotel no hay...

- Ve con gente con la que creas que vas a congeniar. Parece una tontería pero no lo es, son muchas horas con las mismas personas. 

- Lleva calzado usado y adaptado a tu pie. Nada de pasar por el Decathlon el día anterior.

- Entrena. Sube escaleras, ve andando al trabajo, baja al perro, da un paseo por la playa... lo importante es habituar a los músculos a moverse para evitar agujetas, tirones y dolores. 

- Madruga. Es mejor andar todo de un tirón por la mañana, comer y relajarse, que tener que seguir andando después de comer.

- Olvídate un poco de la estética. Si te maquillas, acabarás como un oso panda. Y las planchas del pelo no vienen a cuento. Mallas, camiseta, coleta, y lista.

- Toma bebida isotónica. Revitaliza mucho mejor que el agua, y evita que pierdas tanto líquido. Se agradece cuando tienes que hacer pis en medio del monte. 

- Lleva un bastón, o busca un palo. Ayuda mucho en las cuestas.

- Para subir una cuesta pronunciada, ve mirando al suelo y dando pasitos pequeños. Evita dar zancadas largas porque te faltará el aire, y no mires hacia arriba, porque te agobiarás viendo todo lo que queda por subir.

- Lleva protector solar elevado para cara y cuerpo.

- Lleva los medicamentos que necesites habitualmente, además de algún analgésico (paracetamol o ibuprofeno), apósitos para las ampollas (tipo compeed), pomada para el dolor muscular, una tijera pequeña, hilo y aguja para las ampollas. Hacerse las curas en las ampollas puede dar grima, pero es necesario para que vayan curando y duelan menos si tienes que seguir andando. Andar sobre una ampolla sin curar es infernal. Para hacer las curas, hay que atravesar la ampolla con una aguja enhebrada con un hilo de algodón. El hilo tiene que quedar dentro para drenar. No es necesario que sobresalga mucho hilo, con un par de centímetros llega. Tras "coserlas", hay que desinfectarlas con betadine o similar y dejarlas toda la noche sin cubrir. Al día siguiente, si hay que volver a andar, cúbrelas con un apósito tipo compeed. Si no vuelven a salir ampollas nuevas, el apósito se deja puesto hasta que caiga solo, haciéndote parecer un zombi mudando la piel. Si salen ampollas nuevas, es mejor retirar el apósito con cuidado poniendo el pie bajo un grifo y hacer las curas de nuevo.

- Sigue tu propio ritmo. No intentes ir tan rápido como otros, porque al final el cuerpo las paga. Las indicaciones del camino están muy bien y nadie se pierde, ni siquiera yo, que tengo el sentido de la orientación atrofiado.

- Te cruzarás con muchos vecinos que están encantados de saludar a los peregrinos y desearles buen camino. Con el resto de los peregrinos que te encuentres también hay una costumbre no escrita de desear buen camino. Incluso los perros y gatos de las casas salen a saludar.

- Come algo dulce, como gominolas, para reponer azúcares y evitar las agujetas.

- Lleva calcetines sin costuras. La ropa interior mejor también sin costuras y cómoda.

- Es necesario llevar kleenex o papel higiénico. En el monte no hay baños públicos. Si tienes mucho aguante, puedes esperar desde una población hasta otra, aunque en los tramos de carretera hay bares.

- Si vas en grupo y hay buena relación, podéis hacer un bote con el dinero y que lo lleve una persona, que será quien se encargue de pagar en todas partes. Si hay confianza, no es necesario pedir tickets ni leches, con la buena voluntad llega. Y si sobra algo de dinero al final, se puede repartir entre todos o quedar otro día todos juntos para tomar algo (nosotras vamos a hacer esto último).

- La preferencia de las indicaciones es: primero concha y después flecha. Sigue sólo las flechas de color amarillo, pero fíate sobre todo de las conchas.

- Cuando llegues a Santiago, has de saber que en la zona vieja es muy caro comer (y nosotras comimos fatal). La zona nueva está relativamente cerca y hay muchos sitios con precios aptos para universitarios. Es más, cerca de la Catedral está la Facultad de Medicina, allí el menú es muy barato.

Y hasta aquí mi crónica del Camino, prometo que ya no doy más la lata con este tema :)



Edito y añado dos consejos más:

- Corta las uñas de los pies al menos una semana antes, si es que hace falta. Las uñas deben estar bien rectas, y con cuidado de que no crezcan clavándose en la piel. Yo cometí el error de ir a la podóloga 4 días antes, mejor ir después.

- No lleves anillos. Al andar durante largo tiempo, las manos tienden a retener líquidos y los dedos acaban como choricillos. De vez en cuando es conveniente llevar las manos un poco en alto, agarrando las asas de la mochila por ejemplo. De todas formas la hinchazón se pasa enseguida, soobre todo haciendo ejercicios como abrir y cerrar las manos.

Y ahora sí, ¡ya paro!

Camino de Santiago: mi experiencia

Tras un par de días hibernando, cojeando y recuperándome, estoy en condiciones de redactar mi crónica sobre el Camino de Santiago.

Lo primero, y más importante:
















¡¡LO CONSEGUÍ!! ¡¡SOY LA CAÑA!!












Os cuento aquí mi humilde experiencia por si a alguien le sirve algún día, incluso me atrevo a dar algún consejo y todo. Vamos a ello.

- Domingo (Día 0): 
Nos llevan en coche a Pontevedra, el punto de inicio de nuestra primera etapa. Dejamos las mochilas en el hotel y bajamos al centro a tomar algo. Pontevedra está de celebración, son las fiestas de la Peregrina y en la calle hay ambientazo.  Paramos en varias terrazas, y acabamos cenando con Paloma San Basilio de fondo (otro día os cuento el día que estuve estudiando en la biblioteca escuchando a Pavarotti, que actuaba a 200 metros). Entre empanada, calamares y cañitas, nos dieron las dos y pico de la mañana. Las mochilas nos las recogen a las 8:30 h. para trasladarlas al siguiente hotel, así que hay que madrugar. Dejamos preparada la ropa del día siguiente. "El despertador sonará en 4 horas 55 minutos". Buff.
Apoyo la cabeza en la almohada y me quedo frita.


- Lunes (Día 1): 
 Me despierto medio zombi. Mi compañera de habitación ya está duchada. Me ducho a toda leche (me encanta la sonoridad de esta frase. Probad a decirla varias veces: me ducho a toda leche, me ducho a toda leche,me ducho a toda leche...).Cierro la mochila grande y compruebo que en la mochila pequeña llevo todo lo necesario: cantimplora, camiseta y calcetines de recambio, compeed (mis grandes amigos), gominolas, una visera, pañuelos de papel, cartera, tabaco y móvil. Bajamos, pagamos, dejamos las mochilas y buscamos una terraza para desayunar.
A las 9 h. arrancamos hasta la estación, que es donde nos dijeron que empieza el camino. Encontramos la primera concha, y nos hace tanta ilusión que nos sacamos un montón de fotos. Empezamos el Camino en serio. Las indicaciones (conchas de vieira y flechas amarillas) nos llevan hacia el centro. Hicimos el tonto yendo por la estación, pudiendo ir directas hacia el centro, pero... ¿qué es un kilómetro de nada? Vamos la mar de animadas.
A las 11 y pico llevamos 8 km. andados y decidimos descansar. Bebemos agua, comemos gominolas, fumamos un piti y hacemos un pis. Continuamos la segunda parte de esta etapa. Pronto empezamos a dividirnos, las dos más rápidas van delante, y las más lentas vamos unos metros detrás de ellas. Pasamos por delante del desvío que va a los molinos de Barosa. Es un sitio precioso, pero está a 200 metros y hay que ahorrar fuerzas, así que no nos desviamos del camino y seguimos. Cuando llevamos 19 km., siento que no puedo más. Me duelen un montón los talones, un poco los riñones por forzar la postura, y tengo hambre. Decidimos continuar para terminar la etapa, ya que si parábamos para comer, en la sobremesa nos entraría el bajón y nos costaría horrores llegar. Esos 4 km. fueron horribles, cojeando entre viñedos. Me acuerdo de mi madre insistiéndome para que comprara un bastón de montañismo en Decathlon. "No, mamá, ninguna lo lleva". Una sí lo llevaba, y no se lo voy a pedir. Encuentro un palo que se convierte en mi gran amigo fiel.
Por fin, a las 3 de la tarde llegamos a Caldas de Reis. Nada más entrar en el pueblo, nos esperaba, majestuoso, un precioso mesón con comedor sobre el río. Al sentarnos, vimos el cielo. Al beber, otro tanto. Al comer, un paraíso. Y al descalzarnos, ya ni te cuento. Poco a poco fui volviendo a mi ser. Al acabar de comer, me miré los pies. Tenía en los talones unas vejigas del tamaño de Oklahoma. Me puse unos compeed y terminé de recuperar mi mismidad.
Llegamos al hotel, subimos las mochilas, nos pegamos una superducha, y pasamos un rato tiradas en la cama viendo la tele y comiendo gominolas. Después bajamos a tomar algo y a cenar, consumimos Espidifen como yonkis y vamos para cama algo antes que el día anterior. Dedico un rato a hacerme las curas en los pies: pinchar las ampollas, atravesarlas con un hilo de coser, dejar el hilo dentro, y desinfectar con betadine. Super agradable todo.
Sueño con viñedos y con el niño del anuncio de UN PALOOOOOOOOO.


- Martes (Día 2): 
 Me levanto como el hijo de Quasimodo y Pozí. Me duelen los pies, las piernas, los riñones y la cabeza. La ducha, el Espidifen, los compeed y el desayuno hacen milagros, y tras una sobremesa del desayuno indecentemente larga, puedo continuar.
Decidimos que las dos más rápidas pueden ir delante y nosotras a nuestro ritmo, sin intentar alcanzarlas para no forzar la máquina como el día anterior.
Llevo esta etapa con mucho ánimo, además es la más corta. Me duelen los pies, y las piernas un poco, pero puedo seguir.
Descubrimos los beneficios del Aquarius en detrimento del agua.
Paramos para descansar en el campo de una iglesia, y seguimos. Bendito palo.
Llegamos a Padrón, y encontramos un bar. Queda un kilómetro para llegar a la pensión, así que decidimos parar a comer.
El último kilómetro nos sentimos como andando por el desierto del Gobi. Llegamos al hostal sofocadas, en la habitación hace un calor infernal, y para colmo no funciona el aire acondicionado. Era una falsa alarma, el mando no tenía pilas. Nos ponen el aire. Tras la ducha, y a pesar del aire, el sofocón no se va. Pierdo los pudores todos y acabo en ropa interior, tirada en la cama como una estrella de mar.
Bajamos a tomar algo y a cenar. Paro en una farmacia a comprar una pomada para el dolor muscular y la segunda caja de compeed. Luego tengo que parar en una zapatería porque las chanclas que llevo me hacen un daño horrible. Le pido una bolsita a la dependienta para ponerla a modo de calcetín, por higiene, pero ella prefiere secarme los pies. Momento Jesucristo, yo sentada y la señora secándome los pies. Me acabo comprando unas chanclas de piel espantosas, blancas aún encima, pero cómodas como nubecillas. Recupero de nuevo mi mismidad, y nos vamos a cenar.
Tardé mil años en dormirme por el calor y por la luz de la luna que entraba por la ventana. Por lo que me contaron, ofrecí una serenata con mis mejores ronquidos.

- Miércoles (Día 3):
Nos levantamos antes que las gallinas. Buscamos un sitio para desayunar, y paramos en el bar del hostelero con más energía del mundo. Nos sacó fotos, nos pasó su libro de firmas de peregrinos, hizo chistes y nos dio a todas un beso en la frente antes de partir.
Fue la etapa más dura de todas al ser la más larga y llevar acumulado el cansancio y los dolores de los días anteriores. Apenas hicimos paradas (sólo para comprar Aquarius, ir una vez al baño, y cambiar los calcetines), ya que queríamos evitar el calor del mediodía y llegar antes de comer.
Hay tantas cuestas arriba que tengo que usar el ventolín. 
El desierto del Gobi de Padrón no fue nada comparado con esta etapa.
Llegamos a Milladoiro. Quedan 7 km., parece que quedan años luz.
Las otras 3 empiezan a tener prisa. Yo empiezo a no tener fuerzas, y me quedo sola. No tengo miedo a perderme, porque las indicaciones están muy bien puestas. Cuando quedan 5 km. empiezo a hiperventilar. No sé si es agotamiento o ataque de ansiedad. Ya me da igual. Me paro unos segundos, se me pasa, y se me pone un nudo en la garganta. A lo lejos ya se ve Santiago, y lloro, no sé si de emoción o de impotencia por quedarme atrás. Continúo, cojeando, tropezando, jurando en arameo y llorando un poco. Me siento tentada a sentarme y decir "hasta aquí llegué", pero quedan 4 km. y sería ridículo quedarme aquí como una niña pequeña. Sigo andando a duras penas.
Cuando entramos en ciudad, y el resto del grupo se gira para esperarme, les hago un gesto para que no sigan hasta que yo las alcance. No quiero seguir sola ni un minuto más. Pienso en todos los peregrinos que me crucé que hacen el camino en solitario; los admiro, pero yo no quiero.
Al llegar al centro de Santiago, hago yo de guía; viví en esta ciudad 6 años y les digo por dónde ir.
Atravesamos la Alameda, cruzamos Porta Faxeira, vamos por la Rúa do Franco, y al fin, llegamos al Obradoiro. Abro los brazos como Jack Dawson y Rose DeWitt Bukater. Llamo a mi madre, riendo y llorando, y ya no sé qué sentir. Fui capaz, lo hice.
Entramos en la catedral, que nos recibe con un frescor que nos hace mucha falta. Le pongo una velita a una persona muy especial. En las mismas escaleras de la catedral, me pongo mis chanclas horribles. Y no suelto mi palo, que me acompañó hasta casa.


Como esta entrada me está quedando muy larga, voy a dejar los consejos para más adelante.
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